Dejar que te marches sin tener ganar de hacerlo;
hemos de agradecerle al fanatismo
que fuimos errores cometidos y acometidos.
Somos sonrisas nostálgicas, trágicas,
arrastradas en el río de los recuerdos
y ahogadas en el mar de nuestras mentiras.
Aunque insistamos en que no hemos cambiado
nos encontramos buscándonos
en palabras sin mundo, sin destino, sin océano.
Ahora somos la profundidad del mar,
nuestras costas profusas y difusas
las hemos perdido de vista.
Fuimos canciones y poesías,
sin conjeturas ni paradigmas,
sin lágrimas en las mejillas.
Aspirar al pasado es expirar el presente,
es sumergirse en la oscuridad de lo profundo,
es pretender consolarse en lo superfluo.
Conservémonos pues como un recuerdo
pronto a olvidarlo,
y que este “adiós” no sea en vano.
Suspirante eterno a escribir buenos versos. El último de mis deseos, puede ser el primero de los tuyos.
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