domingo, 25 de marzo de 2012

TELEFONÍA


     Cotidianamente muchos de nosotros nos vemos imposibilitados de terminar una conversación por teléfono celular. Con suma frecuencia los usuarios tenemos que marcar varias veces al mismo número, ya sea, para que entre la llamada o para concluir una charla de 5 minutos. Tener a alguien que vive en lugares alejados se convierte muchas veces en un vía crucis tecnológico, y que seguramente a más de uno ha inspirado a la crianza de palomas mensajeras. Ser cliente de una compañía de telefonía móvil trae consigo frustraciones a los usuarios, lo que lejos de ser una mera anécdota particular, pienso es una vicisitud estructural de la economía. Un estudio reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sobre telecomunicaciones en México muestra claramente el problema.

     Para que una red telefónica funcione adecuadamente, depende en gran medida de lo que se invierta en mantenimiento y modernización. De acuerdo con datos, entre los años 2000 y 2009, la inversión per cápita en materia de telecomunicaciones entre los países miembros de la OCDE, alcanzó los 1 447 dólares. En tanto que en México, en ese mismo lapso, sólo se invirtieron 346 dólares per cápita. Por tanto, ha nadie debe sorprender el pésimo servicio, ya que tenemos el último lugar de inversión entre los países de la OCDE.

     La capacidad de inversión de cualquier empresa estriba en sus márgenes de ganancia. Si una empresa no genera utilidades, pues palmariamente se le reducen sus posibilidades de inversión. Por supuesto, este no es el caso de la principal operadora de telefonía celular en México, Telcel. En 2008, por ejemplo, Telcel tuvo un margen de utilidades del 64%, antes de impuestos, amortizaciones y depreciación de activos. El margen de ganancia que promedian empresas símiles de la OCDE, es de 37%. Desde una perspectiva empresarial, la buena noticia es que Telcel es una compañía muy rentable, la mala es que reinvierte raquíticamente si lo cotejamos con sus competidores internacionales.

     Entre las naciones que integran a la OCDE, no hallamos una empresa que tenga una rebanada tan grande del mercado de telefonía celular. En México, 7 de cada 10, somos usuarios de Telcel. En España, el operador “hegemónico” tiene el 43% del mercado, en nuestro vecino del norte un 32% y en el Reino Unido un 24%, sólo por citar unos ejemplos. La ausencia de un mercado competido explica la falta de inversión en materia de telecomunicaciones. Las otras empresas, Telefónica, Nextel, Iusacell, Unefon, tampoco tienen demasiados incentivos para modernizar su infraestructura y ampliar su cobertura.

     La empresa dominante no siente ni tiene la necesidad de invertir, pues goza de cuantiosas ganancias con el modelo actual del mercado. Las demás, seguro temen que si destinan sus recursos en mejores antenas y transmisores de señal, dicho capital se irá directo al cesto de basura por falta de competencia. Mientras que Telcel reta a las otras compañías a incrementar sus inversiones en infraestructura, éstas en cambio, retan a aquella a competir con costos bajos y parejos en la interconexión de llamadas. Por cierto, que esto último es un tema que ha sido objeto de varios litigios que aún prosiguen ante las instancias correspondientes. Mientras dicho forcejeo no se remedie las inversiones seguirán siendo escasas, lo que imposibilita la mejora en el servicio y el acceso a nuevos consumidores. Esta reyerta entre unos cuantos, puede convertirse en un pantano en cuanto al crecimiento económico nacional, esto a razón de que las telecomunicaciones hoy en día, se han ido transformando en una importante fuente de riqueza y todo lo que eso trae consigo.

     El estudio de la OCDE debe convertirse en una brújula para orientar las políticas públicas en telecomunicaciones. Y es que las normas, así como las instituciones han sido rebasadas, ya que no fueron diseñadas para regular eficientemente el mercado. Esperemos que esto no se caiga a media llamada y las reformas a la ley queden inconclusas.

     Es por eso, y esperemos que no se quede sólo en buenas intenciones, comentaré lo siguiente.

     Existe un dictamen final del Proyecto de Norma Oficial Mexicana PROY-NOM-184-SCFI-2011, emitido por la Comisión de Mejora Regulatoria (Cofemer). Dicha normativa establece que las empresas de telefonía y televisión restringida, deberán obligatoriamente a publicar sus contratos de adhesión y suprimir las condiciones que ponen en clara desventaja al usuario, tales como los plazos forzosos o las penas convencionales. Esto supone, no sólo una reducción en el número de quejas en contra de los proveedores, sino que sin duda permitirá un marco que favorece la competencia.

     Y es que en un análisis realizado por la Profeco, se determinó que los contratos de los proveedores de telecomunicaciones contienen cláusulas abusivas, inequitativas y desproporcionadas, siempre en detrimento del consumidor. Por ejemplo, es posible que una compañía modifique unilateralmente los términos del contrato, o que se le impongan penas que resultan excesivas al usuario que termine de forma anticipada el contrato, o se sujete a un plazo forzoso, o que se permita al proveedor tener fallas técnicas en el servicio sin hacerse responsable y sin hacer alguna bonificación, entre otras acciones.

     Esperemos que esto no se quede en buenas intenciones, sino que en verdad avance, que de ese modo, todos ganamos, dada la importancia que el sector de las telecomunicaciones ha venido ganando en materia económica. Hay pues, un nicho muy rentable y que para explotarlo a plenitud, se debe regularizar a conciencia y hacer que la ley avance al mismo ritmo que la tecnología lo viene haciendo.

LAICIDAD MEXICANA


     Ignacio Ramírez, conocido como el Nigromante, escribió que si la Iglesia católica volviera a tener el poder en el país, no pararía hasta ver derogadas todas las leyes de Reforma. Esto viene a colación dado que al llegar el PAN a la presidencia de México, la Iglesia acrecentó su influencia en la política. Es la primera vez que la derecha gobierna a México por doce años contiguos. Y justo en este marco, el cardenal Tarcisio Bertone declaró en el Teatro de la República en Querétaro, emblema de la república liberal, que había que terminar con el laicismo negativo, pues éste no propiciaba la religiosidad. Fue un 20 de noviembre cuando la institución católica beatifica a los cristeros en un acto público, y en donde figuraba la presencia de Carlos Abascal, quien era titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social. Ahora, tenemos de visita a Benedicto XVI, precisamente en la semana que se conmemora el natalicio de Benito Juárez, principal precursor de la laicidad del Estado mexicano.

     La Iglesia se halla inmersa en su peor crisis, el actual papa encabeza un clericalismo miltante, integrista, donde religión y política se unen.

     Cuando la Iglesia viola la laicidad del Estado mexicano, existe corresponsabilidad gubernamental. Fue el mismo Felipe Calderón quien invitó al papa a visitar México en pleno proceso electoral, lo que puede considerarse como una estrategia proselitista política, dado el arraigo de la religión entre la población.

     Así de mal está la clase política mexicana, que han buscado allegarse al papa más cuestionado de la época contemporánea, y a quien se le ha pedido renunciar por encubrir la pederastia de miembros de la institución que encabeza.

     Ante las constantes transgresiones al Estado laico durante la administración panista, los defensores de la laicidad plantearon reformar el artículo 40 constitucional, para puntualizar que el Estado mexicano es laico, una característica sobrentendida en la Constitución de 1917, hecha explícita en el numeral 3 de la Carta Magna.

     Si sólo se reformara el numeral 40, resultaría exiguo, pues faltaría reformar artículos como el 24, en donde se especifique que no sólo se reconoce la libertad de culto, sino para no tener ninguno. La laicidad debe de abarcar todo el accionar estatal, haciendo cumplir cada uno de los derechos fundamentales estipulados en la Constitución.

     Empero, la proposición originaria en San Lázaro para reformar el artículo 24 no estaba encaminada a amplificar la libertad de culto, sino para darle gusto a la Iglesia con el “laicismo positivo”, ese que propicia la religiosidad.

     La supuesta libertad religiosa pretendida por la Iglesia, es aquella en la que existe educación religiosa en las escuelas públicas, contar con medios masivos de comunicación y subsidio por parte del Estado.

     De tal manera que existe un temor justificado en la reforma constitucional que sería un paso para terminar con el Estado laico, tal y como lo conocemos ahora. Aunado a la forma en cómo se presentó y la rapidez con que querían aprobarla. Actualmente existe una discusión en cuanto al término “libertad de convicciones éticas”. El dictamen, se supone, se resolverá la semana entrante.

     Quebrantar la laicidad de un Estado, afecta la convivencia pacífica entre los ciudadanos, se promueve la polarización de la sociedad, radicalizando posturas. Es evidente pues, que sin la neutralidad en este ámbito, no puede haber democracia. Por ello, debemos de preservar el laicismo de los embates de los fanáticos religiosos y de la corrupción política, pues éstos representan una amenaza para todos. Recordemos que el propio Jesús dijo en algún momento “Al César lo que es del César; y a Dios lo que es de Dios”, siendo ésta la primera muestra de separación Estado-Iglesia.

     Para terminar, hago una cita del texto “Apuntes para mis hijos”, cuyo autor fue Benito Juárez:
“Los gobiernos civiles no deben tener religión, porque siendo su deber proteger imparcialmente la libertad que los gobernados tienen de seguir y practicar la religión que gusten adoptar, no llenarían fielmente este deber si fueran sectarios de alguna.”

miércoles, 7 de marzo de 2012

PORVENIR


     El futuro no es algo que se presente por sí mismo, sino es producto de decisiones cotidianas. El cúmulo de decisiones gubernamentales, así como la aglomeración de acciones emprendidas por los ciudadanos, le dan forma al futuro, al porvenir. Es en este sentido, si no nos gusta el ahora, es menester que pensemos en las acciones a tomar para que el futuro no sólo sea diferente, más bien mucho mejor.

     Luego, el futuro se construye. Siguiendo el pensamiento de San Agustín, el tiempo es presente en una tríada de facetas: 1) El presente como lo experimentamos; 2) El pasado como memoria presente; y 3) El futuro como expectativa presente. Lo que significa que nuestra perspectiva del tiempo y del futuro nos dice que el presente determina la visión futura y pasada. No obstante, la del pasado se explica en función de la memoria que poseamos (algo, que en un artículo anterior cuestioné de sobremanera). En el caso del futuro, lo fundamental es que nuestras acciones de hoy determinarán el mañana. Por ello, esta perspectiva debe animar la construcción de un porvenir mejor.

     Si asentimos lo dicho por San Agustín, entonces, concluiremos que el futuro no es más que lo que efectuemos hoy. Ese modo de vislumbrar el mundo es igual tanto si lo construimos a conciencia o si llanamente actuamos como hasta ahora lo hemos hecho. Es decir, la construcción parte de lo que hacemos y de lo que no: todo se acopia para dar forma a las tradiciones, políticas, organización económica, social y todo aquello que conforma al futuro. Reitero, el fututo se construye día a día. Adempero, si no hay una intención clara, un objetivo manifiesto, entonces, cualquier camino nos transportará al futuro, pues todos serían análogos.

     Cada una de las sociedades que han logrado transfigurarse y modernizarse, con sus características particularidades, lo alcanzaron porque lograron crear condiciones propicias para que el proceso se llevara a cabo. Esto quiere decir que el éxito no se debe al cambio súbito, sino a que se hizo lo necesario para que acaeciera. Se trata pues de un proceso intencional que goza de amplia aceptación social. Crear ese sentido de dirección y organización entre sociedad y gobierno para alcanzar el objetivo es el reto fundamental de las parcialidades políticas.

     Entre la vorágine de la democracia y la descentralización que ha permeado en México a través de los últimos decenios, hemos perdido algo elemental: el rumbo al desarrollo que parecía haberse encontrado luego de un largo lapso de indefinición. Nada peor para el desarrollo de una nación que la ausencia de una ruta, pues eso deviene en la pérdida de una claridad sobre el futuro, se demuelen expectativas y, por si esto no bastara, emergen intereses privados, cuyos beneficios medran de la desazón del resto poblacional.

     La claridad en el rumbo parece haberse extraviado entre los setenta y los setenta, es decir, con el fin de la etapa denominada “El milagro mexicano”. Al principio se dio por problemas estructurales, luego, por lo que aún seguimos padeciendo hoy en día, el conflicto político. Las reformas durante los ochenta y noventa, incluyendo el TLCAN, fue un intento por redefinir el rumbo y ganar el apoyo de la sociedad. Infortunadamente, la crisis de 1995 echo por tierra el incipiente consenso y destapó la caja de Pandora. Ahora ni la democracia ni la alternancia en el poder han cambiado dicha realidad. El conflicto político llegó para quedarse y esto es la causa principal del estancamiento económico, pues es fuente de incertidumbre, la peor enemiga de la inversión.

     Por algunos años, México tuvo una economía que gozaba con gran ventaja competitiva dada su cercanía con los mercados más dinámicos, se logró un acceso de privilegio al mercado estadunidense, y el Tratado de Libre Comercio convertía a nuestro país en una atractiva plaza para la instauración de plantas industriales. Con todo, tales ventajas fueron erosionándose en la medida que no se incrementó la productividad económica interna y que otras economías si lo hicieran. México se durmió en sus laureles, y países como China y Brasil fueron desplazando al país en materia de exportaciones. México se rezagó en todos los órdenes, desde el educativo hasta el de infraestructura, pasando por lo fiscal y la eliminación de los obstáculos burocráticos.

     Actualmente el país está nuevamente ante un cambio de grandes proporciones en cuanto a las vinculaciones económicas y comerciales, lo que genera magnas oportunidades en el desarrollo económico mexicano, pero éstas no se dan por sí mismas. Desgraciadamente no parece que exista claridad en la visión ni la disposición en las fuerzas políticas para traer a la realidad aquellas oportunidades. Esto último es trascendental, pues la característica substancial en la edificación de un futuro anida en la continuidad de las políticas públicas. Y para muestra fehaciente de esto último, refirámonos a Brasil, que como en todo sistema democrático ha cambiado de gobierno empero la estrategia de desarrollo se mantiene, convirtiéndose invariablemente en un acicate para la inversión. Dicho en otros términos, nuestro futuro necesita de un entendimiento que permita la continuidad.

     Los últimos decenios son testimonios fidedignos que México ha sido incapaz de articular una estrategia de desarrollo que le dé dirección al país, mas la incapacidad no está en la articulación he de aclarar, sino en cuanto al consenso político que permita su adopción. No se ha sido capaz de sostener un proceso transformador que modernice al país y al paralelamente cree los empleos y las oportunidades que la población demanda y que de acuerdo con un sentido de justicia merece.

     Es evidente que nuestro futuro requerirá de diversos cambios y reformas. Adempero el único modo en que puede alcanzarse un futuro en el sentido que San Agustín refería, es construyendo pactos políticos en torno a un futuro que todas las parcialidades políticas, así como la sociedad, estén dispuestas a suscribir. Como es claro, nuestro problema no es de reformas específicas, sino más bien de conflictos políticos que han permeado a la sociedad y que impide a ésta conferirle certeza a su deseo por salir del atolladero y comenzar a construir un porvenir distinto.

PREPA OBLIGATORIA


     La esencia de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es la rigidez para su modificación, sin embargo, y como se ha comentado con anterioridad, la práctica dista mucho de la teoría.

     Esto toma revuelo si consideramos que nuestro actual Jefe del Ejecutivo, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, parece empecinado a ser quien más reformas constitucionales promulgue en su sexenio. Hace ya un mes, el 8 de febrero pasado para ser precisos, firmó reformas a los artículos 3 y 31 de la Constitución para darle obligatoriedad a la educación media superior. Con esto, la actual administración acumula 33 reformas a los más de 500 que ya suma la Carta Magna de 1917.

     Todo esto es indicio de que las buenas intenciones no paran dentro de la cúpula política, pues de nobles intenciones han estado retacando el texto constitucional, siendo así, créanlo, vamos por buen camino. No obstante, el sólo hecho de hacer constitucional la obligatoriedad del bachillerato, no hará que más jóvenes mexicanos la cursen o de que sea de una calidad necesaria para el desarrollo de la sociedad y del país. Modificar la Constitución se ha convertido en un desplante meramente político y no como un inevitable paso a la construcción de un sistema educativo eficiente y de calidad.

     La reforma no tiene nada de novedoso, de hecho, la Ley de Educación del distrito Federal en su artículo 4 estipula que el Gobierno del Distrito Federal tiene la obligación de prestar los servicios educativos a todos sus habitantes en los niveles de preescolar, primaria, secundaria y medio superior; lo que motivo controversias constitucionales ante la Suprema Corte de Justicia, pues supuestamente violentaba las facultades del Congreso de la Unión. Entonces, la novedad no está en la reforma constitucional.

     Por otra parte, y como aduje en el artículo intitulado “95 AÑOS DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE MÉXICO”, existen obligaciones constitucionales que el Estado no cumple, y en materia educativa no hay excepciones. Hace un decenio se promulgó una ley que hacía obligatoria la educación preescolar y hasta la fecha aquella buena intención no se ve cumplimentada ni existen indicios de que se pueda lograr en un futuro previsible, pues no hay ni recursos ni infraestructura ni académicos para ello.

     Estas consideraciones de tipo prácticas poco ha importados a los políticos. Son tiempos electorales y tanto presidente como legisladores quieren pararse el cuello y afirmar que el país es uno de los pocos en el orbe con la obligatoriedad de cursar 15 años de instrucción académica. Luego, carece de importancia el que no existan los tres factores citados en el párrafo anterior (dinero, infraestructura y maestros). Mucho menos les importa que la falta de recursos haga que la ampliación de la cobertura educativa haga descender aún más el de por sí lamentable nivel de enseñanza en México, total, han de pensar que entre menos preparados, pues mejor.

     Ya el gobierno ha asumido una posición similar en el área de salud al presumir que en México existe una cobertura universal que ni siquiera hay en países económicamente más desarrollados, como Estados Unidos. Pero lo que a los políticos les interesa son lograr los impactos necesarios en sus relaciones públicas mediante este tipo de reformas a las leyes, mientras que detalles como la falta de medicamentos e insumos básicos en las instituciones de salud y de que no haya abasto suficiente para la atención hospitalaria, simple y llanamente son desdeñados por los políticos.

     En México la legislación de buenas intenciones es insuficiente, y si realmente queremos tener una educación media superior universal (lo cual se supone se conseguiría dentro de un decenio), pero con calidad, debemos consolidar la educación básica. Es inútil que se incremente la matrícula de estudiantes en bachillerato si llegan a ese nivel con carencias inverosímiles en su preparación (y esto último nadie me lo ha contado, soy testigo presencial de que no saben cosas elementales), y muestra de ello, es el 5, hablando en términos numéricos en una escala del 1 al 10, que obtienen en su conjunto al darse a conocer los resultados del examen de la COMIPEMS. Es decir, como se pretende instruirles en Trigonometría o Cálculo Diferencia e Integral en las prepas si ni siquiera han aprendido a multiplicar o a dividir.

     Se debe trabajar en elevar la calidad en el nivel básico de enseñanza y al mismo tiempo ampliar gradualmente la matrícula estudiantil en el nivel medio superior. Y para ello habrá que contratar al personal preparado, y no estar improvisando. Asimismo deben realizarse evaluaciones nacionales que permitan verificar que el estudiantado realmente está alcanzo el nivel de preparación que corresponde a cada grado de estudios.

     No podemos quedarnos en la utopía de que con reformas constitucionales basta para impulsar una preparación de las nuevas generaciones en cuanto a número y calidad, no, hay que trabajar para lograr el objetivo, por ende, no hay que dejarnos engañar que el nivel educativo mejora con sólo reformas. Sin embargo, tales medidas parecen ser las que más enorgullecen a los miembros de la clase política mexicana para hacernos pensar que están haciendo su trabajo.

     Como dijera Jorge Edwards: “Lo que cuenta es lo que se hace y no lo que se tenía intención de hacer.” 

viernes, 17 de febrero de 2012

PRESIDENTA A LA VISTA


     El pasado 5 de febrero del año en curso, Josefina Vázquez Mota ganó la elección interna del PAN, convirtiéndola en la primera mujer en contender por la Presidencia de la República en México. Con esto se dio por terminada toda una serie de especulaciones y Josefina se alzó con un contundente triunfo, a pesar de que el presidente Calderón y buena parte de la estructura albi azul trató amañadamente impulsar al ex secretario de Hacienda Ernesto Cordero. Los panistas, no obstante, se mostraron reacios, tal y como sucedió hace seis años, cuando eligieron a Calderón por encima del entonces secretario de Gobernación Santiago Creel, quien era favorecido por Vicente Fox Quesada.

     La ex coordinadora de los diputados panistas en San Lázaro revirtió un largo y tortuoso déficit en las preferencias. En el primer bimestre del año pasado, según la Consulta Mitofsky, su preferencia de voto entre la militancia panista era apenas de 17 puntos porcentuales, 23 puntos por debajo de Creel Miranda. El vuelco fue radical. Vázquez Mota obtuvo el 5 de febrero 53.9% contra 38.9 de Cordero y sólo un 6.1% de Santiago Creel. La ahora precandidata, esto por cuestiones de tiempos electorales, remó contracorriente y venció al oficialismo, gracias también, a que los panistas atendieron al llamado insistente de ¡votar en libertad!

     La elección panista que amenazaba con volverse histérica, al final resultó histórica, pues tenemos en el país, por primera vez a una mujer con posibilidades reales de acceder a la Presidencia. El panismo debe sentirse orgulloso por haber hecho tal elección, pues superaron al otro par de parcialidades políticas al hacer un ejercicio democrático, cosa que el PRD y el PRI decidieron brincarse. Enrique Peña Nieto fue designado por obra de acomodos cupulares, lo mismo que el de AMLO y PRD, cuya pregonada encuesta tuvo todos los visos de ser una negociación allá en las alturas.

     El lado negativo para el PAN tiene tres vertientes, y esto sólo se da en la casa presidencial. Primero porque se involucró en el proceso del mismo modo que hace seis años. Segundo porque el beneficiario (léase Ernesto Cordero) de su operación fue vencido. Tercero porque la oposición ahora podrá argüir que si intervino en la elección interna, puede hacerlo en la constitucional.

     Pero las ganancias del PAN parecen ser más. Verbigracia, su presidente, Gustavo Madero, no tuvo que salir a explicar lo inexplicable: que la candidata que por meses llevó una delantera bastante amplia terminara perdiendo. Gana porque con esto la unidad del partido se resguarda mejor y se esfuma la eventual judicialización de los resultados. Gana porque Josefina no sólo era la favorita entre militantes sino además entre la población en general. Gana porque coloca a los azules en segundo lugar y porque era la más competitiva de los tres. Gana porque llega con menos compromisos a la candidatura de los que hubiese llegado Cordero, por ejemplo.

     Josefina no le debe el triunfo a nadie, es decir, no les debe ni a gobernadores, ni a los secretarios de Estado, ni a la casa presidencial. Eso le permite mayor libertad para la continuidad y el cambio. Le permite una sana distancia al no deberles su postulación y porque los panistas le brindaron su sufragio a pesar de haber dicho que no gobernaría con un círculo de amigos ni con puros panistas. Y esto último no es mera teoría. Así lo ha venido haciendo en los cargos que ha ocupado, en los que ha nombrado a panistas reconocidos como a especialistas en tal o cual materia (Miguel Székely y Tuirán) o a representantes ajenos al panismo (Cecilia Loria).

     Como aludo párrafos atrás, el PAN volvió a parte de sus orígenes, y la elección que legitima a su candidata fortalece al partido de cara a la contienda constitucional de julio venidero.

     La designación de Josefina Vázquez Mota enriquece la contienda, sin embargo, el reto para esta mujer no es fácil, la ventaja del puntero es enorme, pero técnicamente es viable. Esto es porque ningún partido político, ni siquiera el actual PRI tiene ya suficiente voto para vencer. El porcentaje de independientes ronda el 44%, lo que convierte a la contienda presidencial en tratar de conquistar un territorio que nadie tiene asegurado. Los independientes se han transformado en el factor de modernidad en el sistema electoral mexicano. Veamos el asunto en perspectiva.

     Con la elección del 2000, quedó claro que el PRI no era invencible. Luego del 2006 y la mínima diferencia que favoreció a Calderón, se hizo evidente que el PRD también podía acceder a gobernar al país. Son estos independientes, decepcionados de los partidos políticos. Son estos independientes que esperan hasta tener a los candidatos frente a frente, pues emiten su voto con base en el perfil y desempeño del candidato, es decir, no votan por el partido (hay un creciente nivel de exigencia). Son los independientes quienes dan seguimiento a los pronunciamientos de campaña, los que pasan a cobrar las facturas por expresiones como “chachalacas”, “al demonio con las instituciones” o la “prole”, etc. Se trata de la parte poblacional que aguarda a decidir hasta que desfilen los debates, y según datos, aproximadamente un 20% decide en el último mes. Insisto, la contienda apenas principia. Todo puede suceder. Por ejemplo, hace 12 años, el que punteaba era el candidato priísta. Hace seis años, el que lidereaba era el perredista. Por si fuera poco, en el Censo poblacional del INEGI de 2010, apareció una marcada diferencia entre población femenina y masculina, y que favorecía ampliamente a aquél género. Seguramente también en el padrón electoral, las féminas con mayoría.

     Ya que hablamos de géneros. Vayamos a un aspecto de vital importancia. El hecho de que una mujer tenga posibilidades de portar la banda presidencial, sitúa a México en un nivel de madurez política que ya merecíamos. Y esto no es cuestión de modas o casualidades, si no, pensemos en Angela Merkel, canciller alemana, y que lleva sobre sus hombros buena parte de la tambaleante Unión Europea. O en Hillary Clinton en su calidad de Secretaria de Estado del país más poderoso del orbe, y quien además, le peleó de tú a tú la presidencia de Estados Unidos a Barack Obama. O en la huella de Michelle Bachelet, quien imprimió un sello de izquierda moderna en su gestión en Chile. Y qué decir de la sucesora de Lula Da Silva en Brasil, Dilma Douseff, una mujer que ha eliminado del gabinete por problemas de corrupción. Ya era hora de que en México diéramos un paso hacia delante en este cambio universal.

     Los anteriores aspirantes a candidatas a la Presidencia, como Rosario Ibarra, Cecilia Soto y Patricia Mercado, infortunadamente no pudieron pasar de un papel meramente testimonial. Este año es distinto. Si el PAN se consolida como segunda fuerza y logra disminuir el margen frente al tricolor, el discurso de Josefina puede imprimir un giro de reivindicación femenina que buena falta hace. Como es sabido, la igualdad de género dista mucho de ser una meta cumplida, basta ver los casos de violencia intrafamiliar o laboral, los niveles salariales, la discriminación silenciosa, etc. ¿Quién atiende con frecuencia a los hermanos menores o adultos mayores sino esa mujeres que desertan de la matrícula escolar para cumplir con un función que el Estado ha sido incapaz de hacer?

     La agenda femenil en México está en edificación, y es una cuestión que atañe a todos los nieves socio-económicos. El comportamiento machista nos recuerda lo resistente que es esa actitud. Hay machos pobres y ricos, ignorantes y educados, urbanos y rurales. Coexisten muchos puntos conflictivos como el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo que deviene en la potencial interrupción del embarazo. Este último ejemplo divide y polariza a la sociedad, empero la lista de pendientes es aún más extensa.

     Dado el machismo arraigado aún en pleno siglo XXI, muchos se cuestionan si una mujer podría lidiar con los problemas de seguridad y ser jefe nato de las Fuerzas Armadas. Es en este punto donde emergen los mitos y obstinaciones culturales que la candidata tendrá que subyugar.

     Dejemos la cuestión de género y volvamos a lo electoral. Si bien es cierto que Josefina Vázquez Mota venció con relativa facilidad en la elección interna del PAN, la contienda que se avecina será más compleja. Según la Consulta Mitosfky, arranca 17 puntos porcentuales por debajo del priista Enrique Peña Nieto, quien goza del 41% de la preferencia electoral por 27 de la panista, en tanto que López Obrador tiene un 18%.

     Josefina tiene a su favor un acentuado carisma. Ha demostrado capacidad para seducir y convencer con palabras, sonrisas y presencia. Su carrera en la política ha sido relativamente breve. Antes del 2000 proporcionaba conferencias a organizaciones empresariales y promovía su libro Dios mío, hazme viuda por favor, en que conminaba a la mujer cobrar conciencia de su fuerza y a desarrollar sus talentos en libertad. En el año de la alternancia ganó una candidatura plurinominal por su partido, pero dejó el curul rápidamente ya que Vicente Fox la designó como secretaria de la Sedesol. En este cargo, aplicó el programa Oportunidades.

     De la Secretaría de Desarrollo Social, saltó a la campaña de Calderón en enero de 2006. Calderón la nombra titular de la SEP y desde ese puesto impulsó la Alianza por la Calidad Educativa. Renunció sin explicación en 2009 (todo indica por el desgate en su relación con Elba Esther Gordillo) y fue enviada a la Cámara de Diputados como coordinadora de los panistas. Calderón la insta a que se postule como candidata a gobernar el Estado de México, pero no aceptó porque tenía fijo su objetivo y que ahora consiguió, ser la candidata panista a la Presidencia.

     Como persona, hasta el momento, parece irreprochable, tanto en lo privado como en lo público. Es pues desde este punto de valoración axiológica que supera por mucho a sus adversarios. Si un ciudadano quiere normar su voto atendiendo a una premisa de estricta moral política, sin atender a posibilidades de triunfo o a otras consideraciones pragmáticas, está claro que debe votar por la panista. Su postulación parece aportar un inapreciable elemento de decencia política. Su presencia en la candidatura, sin embargo, no es una mera nota de idealismo, ni un adorno moderno, esto a decir de algunos especialistas, quienes dicen que de romper los vínculos innecesarios o que más bien, debe romper, representa la mayor posibilidad de cambio positivo a la Nación. Que con Peña Nieto se perpetuaría y hasta se acentuaría el status quo que favorece a los dueños del poder y del dinero que tanto han dañado al país.

     En tanto que AMLO promete transformar el país, pero no sabemos que tan radicales serían esos cambios. Si alguien considera que aquí debe cambiarse todo drásticamente, que lo que se requiere sea una revolución, sea cual fuere el método de hacerla, e independientemente de los costos y consecuencias, entonces debes votar por AMLO.

     Entre los extremos priístas y perredistas se movilizan, Josefina al parecer es el punto medio entre ellos dos.

     Corresponde ahora a Josefina Vázquez Mota ganarse el voto de quienes pueden llevarla a ser la Jefa del Ejecutivo de este país; hablamos de mujeres, jóvenes y de ese basto número de integrantes de la clase media que no quiere de vuelta al PRI y a la que inquietan la personalidad, antecedentes y acompañantes de Andrés Manuel López Obrador.

     No obstante, no todo es miel sobre hojuelas. Para muchos nos preocupa el hecho de que Vázquez Mota no sepa ser concreta en ocasiones. Tiene facilidad de palabra, empero, en ocasiones, suele emitir frases sin reparar demasiado en su contenido. Sin embargo, parece haber logrado un buen desempeño en el programa Oportunidades, mientras que la Alianza por la Calidad Educativa es un gran esfuerzo del gobierno federal.

     Me congratulo por la sola presencia de Josefina Vázquez Mota como candidata presidenciable. En caso de triunfar, deberá diferenciar de las dos administraciones anteriores. Deberá remontar 11 años de desprestigio hacia su partido por un ejercicio no muy alejado al del PRI. Deberá comenzar a saldar asuntos pendientes respecto a corrupción, corporativismo, monopolios, educación, seguridad, etc. Pero ante todo, debe mostrar sus propuestas para llevar este país al crecimiento y abatir la pobreza, y mejorar la distribución del ingreso. Debe por empezar a convencer a los votantes de que está en plena disposición de que gobernar significa tomar decisiones, aunque éstas afecten otros intereses; esos intereses que las administraciones priístas y las últimas dos panistas no han sabido, podido o querido afectar.

     En pocas palabras, si Josefina Vázquez Mota quiere obtener el triunfo y pasar a la historia como la primera Presidenta de México, no debe hacer política como la que se ha venido haciendo.

miércoles, 15 de febrero de 2012

MÉXICO Y EL GIGANTE ASIÁTICO


     La inmensa mayoría de mexicanos anduvo alebrestado por el 14 de febrero, día del amor y la amistad. Y apuesto lo que sea que al menos un 99% ignora que en esta misma fecha se cumplen cuarenta años de que México estableciera relaciones diplomáticas con la República Popular China. En este lapso, China transitó de ser una economía secundaria a convertirse en la segunda potencia económica del orbe, sobrepasando a Japón. En tanto que sucedía este meteórico ascenso chino, la política exterior mexicana ha sufrido de una carestía de ideas para carear el nuevo plano geopolítico. No obstante, rememorar estos cuatro decenios debe aprovecharse como punto de partida en la discusión de alcances, oportunidades y limitaciones que el poderío chino acarrea a los intereses nacionales.

     Las relaciones en sus inicios estuvieron marcadas por la cooperación. El entonces presidente, Luis Echeverría, sin saberlo, le otorgó al país un bono diplomático que le perduraría por decenios. En aquel año, aun con la oposición de Richar Nixon, presidente estadounidense, Echeverría pronunció un emotivo discurso ante la Asamblea General de la ONU para solicitarle a Taiwán, que en ese tiempo representaba al pueblo chino en la ONU, le cediera su sitio a la República Popular China. La moción se aprobó y, México se haría acreedor de la gratitud china.

     Concretamente, en esos años, lo más destacable fue el programa de becas para estudiantes mexicanos en China y inversamente. Para los connacionales, las cátedras abarcaron desde mandarín hasta medicina tradicional china, mientras que los chinos recibieron instrucción en español, historia mexicana y literatura iberoamericana. Muchos de aquellos estudiantes chinos, conforman la actual camada de embajadores de China en Latinoamérica.

     De 1976 a 1990 los intercambios fueron en un sentido de cordialidad, aunque delimitados. La buena voluntad se manifestó mejor en el plano multilateral, China apoyó el esfuerzo mexicano, durante los ochenta, a pacificar los conflictos centroamericanos y mostró solidaridad en la crisis financiera mexicana.

     La culminación de la llamada Guerra Fría, concluyó también la retórica tercermundista, abriéndole paso a los intereses comerciales. Con la firma del Tratado de Libre Comercio, en 1994, los artículos manufacturados en China empezaron a inundar mercado mexicano y, eso dio pie a que el gobierno Salinista impusiera cuotas compensatorias de hasta mil por ciento para zapatos, vestimenta, etc. Desde entonces, el déficit comercial monopolizó el imaginario colectivo, pero la administración priísta conservó las discrepancias alejadas de lo político. Mas luego de la alternancia en el Ejecutivo, eso terminó.

     Apenas siete meses después de asumir el cargo, Vicente Fox viajó a China, donde dio muestras que su talla diplomática distaba mucho de la física. Veamos. Cuando los chinos colmados de orgullo le mostraron la rúbrica de Echeverría en el libro de visitantes distinguidos, Fox en vez de utilizar la diplomacia heredada, la arrojó por la borda arguyendo que, al igual que México, ellos también debían darle vuelta a la hoja y dejar atrás el priísmo. El gesto no fue bien recibido, al contrario, en la siguiente visita de alto rango, los chinos optaron como primera parada, la casa del ex mandatario Luis Echeverría, dejando en claro que ellos no olvidaban a sus amigos.

     Así comenzó una serie de infortunios en los intercambios que fue encumbrándose en paralelo al déficit comercial. Esto se vislumbró fácilmente con el hecho de que en el resto de los países latinoamericanos, la ascensión china era vista como una oportunidad en el ámbito económico, en tanto que México lo experimentaba en sentido amenazador y los políticos lo demostraban con su frustración en público.

     Para el año 2003, el país asiático ya había pasado a ser el segundo socio comercial de México; no obstante, el intercambio era ampliamente disímil. Un bienio antes, el comercio total era de 4 mil 309 mdd; cuatro después la cifra alcanzaba 20 mil mdd, de los cuales más de 17 mil mdd eran importaciones de producción china a México. La tendencia prosiguió en suma y para el 2010, según datos del INEGI, el país asiático exportaba a nuestro país 41 mil 695 mdd, mientras que sólo importaba 3 mil 655 mdd. Esa asimetría inicial, caló hondo en los nervios de la administración foxista, y se acusó al país chino de basar su modelo en la exclusión de mano de obra y de operar un régimen autoritario. Afortunadamente, Sergio Ley, embajador mexicano en tierras asiáticas hizo bien su trabajo y contuvo cualquier querella diplomática.

     Durante la ya saliente administración, las relaciones chino-mexicanas atravesaron su peor momento durante la crisis del brote de influenza AH1N1 de mayo de 2009. Sin embargo, el gobierno mexiquense y capitalino si fueron capaces de acercarse a China, si bien limitada, al menos tienen la intención clara de tomar a China como un actor fundamental en el mundo.

     El Gobierno del Distrito Federal, encabezado por Marcelo Ebrard, quien por cierto compartió aula con algunos chinos durante su estancia en tierras aztecas, a través de Tatiana Alcázar, quien funge como directora para Asia y África del Gobierno capitalino, impulsó el hermanamiento entre Beijing y la Ciudad de México, ahorrándole a ésta, un millón de dólares para conseguir que el gobierno chino prestara un panda gris para el zoológico.

     Por eso, ahora que se vienen tiempos electorales y gane quien gane la elección presidencial, es imprescindible que tome en cuenta que los años venideros serán trascendentales para reconstruir una relación desgastada innecesariamente y, sobre todo, para buscar fructificar la relación con el gigante asiático. Hay que atraer inversión, exportar alimentos al mercado chino y preparar a la siguiente generación de sinólogos mexicanos. Si no lo hacemos, créanlo, las cosas para nuestro país seguirán estando en chino.

lunes, 13 de febrero de 2012

PURA BASURA


     La Ciudad de México está atiborrada de miles de anuncios perredistas. Es evidente que ese despilfarro de recursos no procede más que del erario, el cual, lo habitantes construyen a través de sus contribuciones. Pero, ¿tiene sentido tal gasto?

     Que el señor Enrique Peña Nieto no sepa mencionar siquiera tres títulos de libros es tan inverosímil y vergonzoso como que los otrora precandidatos a la Jefatura de Gobierno, Alejandra Barrales y Martí Batres, desplieguen sendos anuncios sobre los libros que han escrito. Yo que sepa, no ha existido escritor mexicano con una campaña promocional editorial como lo están teniendo los aludidos políticos.

     ¿Qué pretensión puede tener el PRD capitalino al rebozar de propaganda el inmobiliario urbano? El sólo rostro no exponen nada, pues no se incluyen lemas ni consignas. Lo único obvio es la capacidad de barrumbada, y la forma arbitraria de llevarla a cabo por parte de una parcialidad política, que en vez de generar propuestas, da la impresión que se vitorea a sí mismo.

      El Distrito Federal ha sido hasta el momento el único sitio donde el PRD ha consolidado una administración perdurable. Y como todo gobierno, con sus consecuentes altibajos, se puede decir que aceptable, adelantando derechos cívicos plurales y afrontando con realismo desafíos de convivencia cotidiana. La actual inundación de carteles propagandísticos es vergonzante para un partido político que en antaño llegó a combatir los excesos.

     En su intento de contrarrestar al Sol Azteca, el PAN ha optado por “respaldar” mediante dedazo presidencial una candidatura ciudadana, la de Isabel Miranda de Wallace. Dicha mujer cuyo poder de convocatoria pudo haber sido el hecho de ser externa al sistema, recibió una oportunidad por una práctica autoritaria.

     Ante el dislate albi azul, el PRD reaccionó institucionalmente, eligiendo para contender por el cargo de Jefe de Gobierno, al mejor de sus precandidatos, Miguel Ángel Mancera, pero ha decidido paralelamente exhibir sin recato su músculo político. El PRD “marca su territorio” colocando innúmeros carteles con imágenes de suspirantes a jefes delegacionales o algún curul legislativo, ya sea en la Asamblea Legislativa o en el Congreso de la Unión.

     En tanto el Sol Azteca mancillaba el de por sí deteriorado paisaje de la capital mexicana, el PAN recurría a prácticas antidemocráticas en su elección interna para designar a quien ocuparía la candidatura presidencial. En el transcurso de la jornada electoral, no faltaron (¡Cómo siempre!), denuncias por reparto de despensas y compra de votos; se tuvo urnas “embarazadas”; la cónyuge del precandidato Santiago Creel no pudo emitir su voto porque ¡no estaba en la lista!; el primer presidente panista se saltó la fila de espera en una urna en León, Guanajuato, siendo abucheado por los otros militantes panistas; Marta Sahagún no sufragó porque a decir del mismo Fox, “la han tratado muy mal”. El caso más sonado fue el de Tantoyuca, Veracruz, donde una sola casilla otorgó la inverosímil cantidad de 10 320 sufragios a favor de Ernesto Cordero. Esto último no ha de extrañarnos, dado que era el “delfín” del Jefe del Ejecutivo Federal. No obstante, no deja de llamar la atención que el escándalo por lo deshonesto de la contienda, provenga de la parcialidad que representaba la continuidad y el oficialismo albi azul.

     Aunque la ahora primera candidata presidencial, Josefina Vázquez Mota, era la mejor opción panista de cara a las elecciones del próximo julio, tuvo que confrontarse a escollos que su partido atribuía en tiempos pasados al PRI. Al ganar categóricamente, mencionó: “Termina la contienda interna, y comienza un nuevo camino: el camino para derrotar al verdadero adversario de México, a quien representa el autoritarismo y lo peor de la práctica antidemocrática, a quien representa el regreso a la corrupción como sistema y la impunidad como condena. Ese adversario es Peña Nieto.” Si bien el diagnóstico de la panista es correcto, aún queda por aclarar el por qué los gobiernos emanados del panismo no han hecho nada por modificar tan degradante situación en estos ya casi dos sexenios.

     En un hotel del Distrito Federal, se quedaron cientos de cajas sin abrir, ¿su contenido? Playeras, cornetas y banderines para el festejo de Cordero. La pregunta del millón es: ¿Qué pasará con tan inútil acervo?

     La capital mexicana es un baluarte de la piratería: hay taxis pirata, DVD’s pirata, perfumes piratas y hasta piratas piratas, ¡imagínese nada más! Como ahora el Distrito Federal se dispone al reciclaje, no sorprendería que el arsenal festivo del ex secretario de Hacienda fuera adquirido a precio de periódico viejo por la cúpula amarilla y destinarlo a su obcecación actual: encomiarse a sí mismo.

     Los defeños, entonces, habitan en una ciudad salpicada por los rostros del poder en propaganda que literalmente es pura basura.

CONFESIONES

Siempre he sido intenso, no he encontrado otra forma de hacer y ser lo que soy y quien soy. Mi corazón late en ambos sentidos de gozo y angu...