Sí, seduces a-caricias
mediante un roce al precipicio de mis labios
con tu boca, sublime destino.
Hincharme y ahuecarme
como las plumas de una almohada,
vertedero de lágrimas.
No temas, no son sombras,
tampoco son fantasmas
somos nosotros entre las sábanas.
En pos de no despertarnos sino amanecernos:
al aire vamos a surcar con nuestros cuerpos,
arquearme sobre tus pechos.
Rendirme a tu mirada
y hendir en el hueco de tu cuello
aquellos besos que como tuyos reclamas.
Sí, a-caricias te querré:
varar el reloj en la madrugada
y acurrucarme entre tus palabras.
Suspirante eterno a escribir buenos versos. El último de mis deseos, puede ser el primero de los tuyos.
domingo, 17 de noviembre de 2013
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